Relatos eróticos de bisexuales
¿Acaso soy bisexual?
por Fabisaa (fabisaa@hotmail.com)
¿Acaso soy bisexual?
Provengo de una familia de posición económica alta. Me llamo Fabián
y tengo cuatro hermanos, Sofía, Andrés, Gustavo y David. Yo soy el
menor y el más mimado por todos. Siempre he vivido rodeado de
comodidades. Mi familia es muy desprejuiciada y hay pocas cosas que
los escandaliza.
Bueno, yo hasta los 16 años me declaraba netamente heterosexual.
Tengo una amiga, vecina mía y compañera del colegio, a la cual
conozco desde que tengo memoria y con quien ya llevo de novio más de
tres años de una increíble relación. Se llama Vanesa.
Con Vanesa tuve una infancia bonita, jugábamos al papa y la mama,
con ella tuve mi primer beso, mis primeras exploraciones en el
cuerpo de una fémina y mi primera relación sexual… y muchas más!
Ella es maravillosa, hermosa tiene buen culo y unas tetas firmes que
me enloquecen, su vulvita es riquísima y se la afeita siempre solo
para mi pues ella sabe que me gusta lampiña. Ella es perfecta con
sus ojitos grises, su piel canela, su largo y lacio cabello negro,
es dulce, inteligente, emprendedora y bien arrecha a la hora de
hacer el amor y en verdad digo hacer el amor pues con ella es mucho
más que solo sexo. Eso lo sé porque poco después de cumplir un año
de amarrados nos separamos por casi otro año, y durante ese periodo
me revolqué con algunas hermosas mujeres a las cuales solo las
quería por sus chuchitas y me valía lo que pensaran o desearan, era
solo sexo.
Como yo no soy feo, pero tampoco me creo un Adonis, durante esos
meses conseguí fácilmente a varias muchachitas calenturientas que me
deseaban por mi físico. Yo soy alto, delgado pero bien marcado
porque los varones de mi familia somos sanamente vanidosos y nos
preocupamos por nuestro aspecto físico. Y bueno creo estar bien
dotado también, pues mi pene mide como 20 cm. De largo y como 6 de
diámetro ¡Aplausos!, porque siempre he estado orgulloso de él.
Bueno, basta de alardear. Yo creo que hay varios aspectos de mi vida
que me han llevado ha tener esta incertidumbre que da título a mi
historia, soy o no soy bisexual.
De pequeño, yo era un pelado normal que jugaba a la guerra, pelota,
con carritos y todos los juegos de un varoncito y no me agradaban
mucho las niñas. Pues eran adefesiosas y chillonas, aunque siguen
siéndolo pero ahora tienen esas tetas, ah, ah ah!
Cuando fui creciendo me interesé por las chicas, antes que mis panas
y fui el primero en besar a una (a mi Vane) en cuarto de escuela.
Ya en la pubertad recuerdo que no tuve mayores problemas, creo que
por las motivadoras charlas de mis padres y el ambiente "cool" de mi
familia. Lo único que recuerdo que me molestó fue el bello público
que hacía que me piquen la bolas como no tienen idea, por eso
comencé a andar desnudo por la casa por sugerencia de papá, pues él
de púber sufrió de lo mismo (y mis hermanos varones también), no le
parecía justo que sufriéramos nosotros también. La ñaña, como le
decimos a Sofía, solo andaba con calzón y sostén pues a mamá no le
parecía bien que anduviera encuerada por la casa mostrando todo a
sus hermanos menores, pues ella le lleva al segundo poco más de
siete años.
El que mi hermana mayor dominara sobre nosotros lo hijos varones
creo que podría ser un antecedente importante en mi incertidumbre.
Bueno, ya los 11 o 12 años comencé a masturbarme por curiosidad. Yo
soy muy sensible pues no soy circunciso y eso hace que cada vez que
voy a orinar y me bajo el forro me excito y termino masturbándome,
me es inevitable, pero cuando comencé era tremendo, me la jalaba
diez o doce veces al día, a veces cuatro o seis veces seguiditas,
cosa que mis brazos quedaban hecho pedazos, pero eso sí, siempre lo
hacía a la par, lo mismo que con el brazo derecho, con el izquierdo,
aunque este me exigía más, pues soy diestro.
A los catorce ya estaba explorando el cuerpo de Vanesa, sus pechos
principalmente que florecieron rápidamente, pues ella siempre se
veía mayor, pues tiene un cuerpazo. Bueno, aquí en cambio hay un
punto a favor de mi heterosexualismo, pues las tetas y las chuchas
me encantan. Las nalgas me gustan debajo de un jean bien apretado
pero no las tomo mucho en cuenta en la cama.
Hasta aquí yo vivía convencido de que era heterosexual. Lo único
medio homosexual que había hecho (digo medio homosexual según me
explicó un primo sexólogo) era el masturbarme con mis panas, hacer
competencias de pajasos y una vez corrersela a un bebé, pues
habíamos leído en un libro que en no se qué tribu africana, a los
bebés cuando fastidian mucho con el llanto y no hay quien los pare,
se la corren hasta que se calme. Y si funcionó con el hermanito de
Ricardo, mi mejor amigo.
Bueno, Ricardo es mi pana del alma, al igual que Vane, lo conozco
desde pequeñito, él vive alado de mi casa y hemos estudiado siempre
juntos, incluso hasta ahora en la U. Su amistad la contaré como un
afirmante de mi heterosexualismo, pues él si que es mujeriego.
Siguiendo mi cronología, a los quince fiablemente me amarré con
Vanesa. Yo me le declaré en el acto más cursi que he tenido que
obrar en mi vida, ayudado por las intrigas de Ricardo y Susana, mi
cuñadita. Francisco y Lucas completan el círculo de mis amigos
realmente amigos.
Al cumplir un año de amarrados, Vanesa decidió darme como regalo de
cumpleaños, su pureza. Fue algo realmente maravilloso. O sea, fue
rico, UD. Deben saber, mejor que una paja, porque aquí aparte del
placer, y vaya que me lo dio, oh, oh!, hay ese sentimiento profundo,
esa complicidad, esa unión sobrehumana…, bueno es algo
indescriptible. Yo estaba extasiado, después, que ella se durmió,
velé su sueño toda la noche. Ya avanzada la mañana, después que
dormí como dos horas, Vanesa me despertó con una increíble mamada,
la primera de mi vida y después nos follamos como tres veces más.
Después de ese día nuestra relación fue muy intensa, ardiente.
Empezamos a hacerlo en todas partes, en el baño de varones, en el de
mujeres, en le gimnasio, en el aula antes de que lleguen todos, en
los matorrales más allá de las canchas, éramos unas bestias.
En la única parte donde nunca lo habíamos hecho fue en su cuarto.
Como las ventanas de la casa de Vanesa están enrejadas, tuve que
esperar en la cochera casi toda la noche, pero valió la pena, pues
lo hicimos en la cochera, en la cocina, en las escaleras, en el hall
de dormitorios, pero justo antes de acabar en el hall, su hermanita
de siete años nos descubrió ahí tirados y pegó un grito de los mil
demonios. En seguida toda la familia se despertó y salió a ver que
pasaba. Para cuando salieron sus padres, Vanesa ya se había
levantado, pues ella estaba montada en mí, y yo quede abierto de
piernas y con la verga paradita. Legaron los hermanos al ratito y yo
ya no pude contenerme más y me vine. Mi lechecita fue a parar al
rostro de mi pequeña cuñadita y algo a los pies de don Antonio que
ni bien me vio se encolerizó tanto que sin preocuparse por su hija
pequeñita, se me abalanzo y me apretó y estrujó mis bolas, en la
tortura más dolorosa y larga que he sufrido. El desgraciado se
ensaño con ella y me las trituró minutos hasta que me las jalo hacia
abajo y sentí un dolor como desgarramiento que grité durísimo y
perdí la conciencia. Ahí si, preocupado el viejo cara de verga, me
cuanta Vanesa, me llevó a la clínica donde trabajaba el matasanos
este y me sanaron. Gracias a Dios no fue mayor cosa, aunque yo si
creía que por el desgarre que sentí se me sacaron las bolas, el
epidídimo o los tubo, algo, pero no, en buena hora. Semanas después
de la tragedia, Vanesa y yo nos veíamos a escondidas., pero igual
fallábamos de lo lindo. Pero nosotros, la pareja todo lo puede,
decidimos hacer realidad nuestra fantasía en el cuarto de mi amada.
Para nuestra desgracia la puta prima de mi amada llegó a la casa y
nos descubrió. La muy miserable nos extorsionó y tuve que, me vi
obligado a hacerlo, acostarme con ella ahí en frente de mi pelada,
fue atroz. La puta esa como se divirtió viendo sufrir a mi Vanesita,
a la que le tenía tanta envidia.
Bueno, después de eso nuestra relación se deterioró mucho. Yo no
quería hacerlo con nadie, fue literalmente violado por la perra y no
sabía qué hacer. Vane también estaba muy mal, vivía deprimida y eso
me empeoraba.
Durante el casi año que no nos vimos, ni hablábamos siquiera, en una
bendita reunión de panas del colegio, nos fuimos a la hacienda de un
tipo amigo de un amigo, ya no lo recuerdo. Bueno, lo que pasó es que
después de una tarde de juego de pelota, el que por cierto mi equipo
ganó como siempre, me fui al río a bañarme solo, nadie quiso
acompañarme pues el clima estaba frío y el agua también. Como yo no
tenía inconveniente con ello fui. Al llegar me encontré con Gabriel,
ese desgraciado que vino a desbalancear toda mi vida. El man ya
estaba en el agua, completamente desnudo y vaya que se le veía un
cuerpazo. Al principio dudé en acercarme quería irme pero algo más
fuerte que yo me arrastró hasta ya. Al verme Gabriel dibujó una gran
sonrisa en su rostro lo que me dio fuerza.
- Yo sabía que debía haber un hombre de verdad entre todos ustedes,
me dijo.
- Porqué lo dices, le pregunté.
- Por que nadie vendría por el frío que hace.
- A claro, y me quedé mudo al ver su descomunal verga que estaba
medio parada.
Era negra con un cabezota realmente grande, parecía un chupete. No
era muy roja, supongo que por el frío, mas bien tenia color morada,
sus venas se notaban pero no estaban completamente hinchadas y lo
que más me llamó la atención y me excitó fue que estaba rasurado,
simplemente no lo podía creer era demasiada coincidencia.
Y bueno, te vas a quedar ahí parado como si nada. Desvístete y
metete al agua que está muy buena.
Yo casi como un autómata hice lo que él me dijo. Me desnudé y me
adentré en el río. El frío en vez de apagar mi calentura como que la
encendió más y a medida que me acercaba mi chorizo se ponía duro.
Gabriel regresó a ver fijamente mi verga y me sonrojé.
Entonces me retó a que no llegaba a la otra orilla. El desafió es
algo que me encanta y Gabriel no hacía más que atinarle a todos mis
gustos, no lo quería creer, me sentía bien con los coqueteos de ese
hombre.
Yo gané la nadada, aunque no se si realmente lo hice, pudo ser una
cordialidad de Gabriel.
En la otra orilla apenas llegó él, se me acercó mirándome fijamente
a los ojos y acercó su boca a la mía y con sus carnosos labios
empezó a besarme, yo solo me quedé ahí impávido al principio y al
reaccionar de lo que estaba haciendo, lo abrasé con vehemencia y lo
besé también con todas mis fuerzas, como queriendo succionarle la
vida con un beso, fue increíble.
De repente escuchamos el grito de Ricardo llamándome. La tensión y
la pasión se fueron y me entraron unos sentimientos de angustia y
desesperación. Me alejé de Gabriel y nadé lo más rápido posible
hacia la otra orilla. Me vestí, busqué a Ricardo y le pedí que nos
fuéramos.
Nunca más supe de Gabriel pero lo que pasó esa tarde marcó mi vida.
Nunca más fui el mismo.
Desde ese día comencé a fijarme en todo hombre que me pasara en
frente, era terrible. Miraba lujuriosamente sus brazos, sus
espaldas, sus piernas, los bultos y era algo placentero y vergonzoso
a la vez, me sentía mal.
Ese sentimiento de malestar constante conmigo mismo con el tiempo
mutó a una incertidumbre, cosa que ya no me sentía tan inconforme
conmigo mismo y me entró la duda de saber si era gey o bisexual.
Al poco tiempo volví con Vanesa y todo parecía que se solucionó.
Volví a la normalidad. Todo lo ocurrido, mis dudas y demás se
esfumaron. Me sentía realmente bien conmigo mismo, pero eso no duró
mucho. Unos meses después todo comenzó, recordaba a Gabriel y su
beso con mucho entusiasmo, ya no me producía asco, sentía ganas,
recuerdos. No podía creer que estando con mi Vanesa aún tenía esas
dudas así que eso sí planteó en mí definitivamente un serio problema
de identidad sexual.
El acabose fué hace apenas unas semanas cuando un primo mío llegó de
Francia y ese muchacho de 17 años causó en mí una impresión, una
atracción tan grande que casi no puedo controlarme al verlo, me
place comérmelo a besos, aunque eso suene tan gey pero es la verdad,
Dios mío no sé qué me pasa. Esto me decidió el escribir esta breve
confesión.
Espero que ustedes puedan ayudarme a quitarme esta incertidumbre que
me está matando.
Escríbanme, os lo ruego.
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